Memorias una Técnica de Uñas. 2º Cap.

Mi cara debía ser un poema porque una señora que estaba allí sentada, esperando ser atendida, pues seguramente que ella si tenía su cita reservada, sintio compasión por mi y le dijo a la recepcionista que me cedía su cita y que a ella no le importaba esperar una semana mas. Aun siendo yo un poco tímida y con cierta resistencia a mostrar mis sentimientos en público, abrace y besé a esa señora en un impulso que no pude controlar, pues mi alegría era superior a lo habitual. Esa señora anónima, seguramente no sabe que el acto de generosidad que tuvo conmigo, cambió mi vida para siempre, porque con el deseo tan inmenso que tenía de ponerme esas uñas, habría buscado otro sitio que quizá hubiera hecho cambiar mi destino.Mis uñas eran muy cortas, débiles y feas, creo que debido a que hasta los catorce años estuve mordiéndolas, por eso, a pesar de que yo insistí en que me las hicieran largas, Judy me recomendó que me las hicieran mas cortas por seguridad, pues al tener una base tan corta, se romperían rápidamente, me desilusionaría y nunca conseguiría llevarlas largas. Josefina que así se llamaba la técnica de uñas que me atendió, obedeció y yo también. En lo que no hubo ninguna pega fue en el color de mis uñas: rojo granate, el color que mas deseaba.

Una vez terminadas, pase de nuevo a la recepción donde me dieron mi próxima cita y abone la cantidad de 6.900 pesetas (41,40 €) por las uñas nuevas, las próximas veces el precio sería de 1900 pesetas (11,40 €).

Ya en la calle, me disponía a parar un taxi para regresar a casa, cuando me di cuenta de que ese milagro, esa obra de arte tenía que compartirla y dentro de un coche nadie podría verla. Decidí subirme a un autobús; a esa hora las 11:30 de la mañana apenas había pasajeros y por lo tanto podía disponer de un cómodo asiento, pero pensé que ahí sentada, nadie podría disfrutar de mis maravillosas uñas rojas. De pie, eso es, me quedaría de pie, agarrada a la barra para no perder el equilibrio y de paso poder lucirlas. Mientras el autobús realizó su recorrido hasta las proximidades de mi casa, mantuve mi mano en la misma posición y también mi cabeza, mirando hacia el lado contrario para que la gente no tuviera ningún reparo en convertirse en mirones por un instante y disfrutar de esa obra de arte. También pensé, por supuesto, que esa gente no se percataría de mis uñas, pero sacudí mi cabeza en mi interior y preferí vivir con esa ilusión, porque aparte de sentirme bien conmigo misma, que sería de la belleza sino se pudiera mostrar y compartir?

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