Memorias de una Técnica de Uñas. Capítulo 39

pies tatuadosCuando dejé mi casa y entregué las llaves a los nuevos propietarios, tuve sentimientos malignos hacia ellos, lo reconozco. No me gustó nada ver entrar en mi casa, comprada y decorada con tanta ilusión, a gente desconocida, mientras que nosotros introducíamos los últimos enseres en nuestro coche y abandonábamos Madrid y aunque quería hacerlo, no pude evitar llorar desconsoladamente, en ese momento, algún que otro a lo largo del camino hacia Málaga y sobre todo cuando adelantamos al camión de mudanzas que contenía en su interior  y trasladaba, toda nuestra vida.

Tardamos alrededor de tres meses en instalarnos y en tener el piso casi decorado. Pensé que era el momento de comenzar a trabajar de nuevo y mi instinto de indicó, que lo mejor sería buscar academias de peluquería y estética y ofrecer mis servicios como educadora de uñas esculpidas. Yo lo digo y lo hago, no me paro a pensar ni a meditar, así que redacte e imprimí diez curriculum con su carta correspondiente y me fui con el coche a dar vueltas por Málaga, dejándome llevar por la intuición y buscando las diez academias que más me gustasen.

Encontré una, era un local precioso, grande, moderno, con dos escaparates muy grandes donde había expuestos productos para uñas esculpidas. Entregué el sobre a una recepcionista que estaba sentada detrás de una mesa, justo a la entrada, desde donde se  podía ver casi toda la planta baja y unas escaleras muy grandes que llevaban a la planta de arriba, afianzándose en mi el deseo de trabajar allí y convencida de que lo haría  y me atrapó de tal manera que me volví a casa con los nueve sobres restantes que nunca entregué en ninguna otra academia.

No quiero parecer pretenciosa, pero a mi me pasan estas cosas bastante a menudo y lo achaco a las experiencias vividas y a que soy muy observadora y esta vez me volvió a pasar. Cuando entregué el sobre a la recepcionista, su cara me dijo claramente que no tenía intención de hacer llegar mi curriculum a la Dirección de la Empresa y que lo mas que podría hacer sería archivarlo en una papelera y yo tenía tantas ganas de trabajar allí, que no iba a dejar que la providencia actuara por si sola y sería mejor que yo le diera un empujoncito. Al día siguiente me persone de nuevo allí y en voz alta, pero muy educadamente, pedí a la recepcionista a la que entregué el sobre, poder hablar con el Director o Directora del Centro y antes de que ella pudiera abrir su boca, un hombre de baja estatura que estaba a su lado,  se presentó como tal. A pesar de conocer la respuesta,  le pregunté que si había leído mi curriculum entregado el día anterior, como excusa para presentarme yo, a lo que me respondió negativamente e inmediatamente me indico con la mano la dirección en la que se encontraba su despacho invitándome a entrar.