Memorias de una Técnica de Uñas. Capítulo 31

limon de veranoComo la ambulancia no llegaba, mi hermano decidió llevarme en su coche al hospital mas cercano que se encontraba en Alcalá de Henares, mientras que Rafa se quedaba en casa con mi hija que en ese momento se encontraba durmiendo. Mi hermana decidió acompañarnos e iba sentada en el asiento de atrás a mi lado y lo se porque cuando el coche se detenía en algún semáforo, yo me despertaba gritando de dolor porque el aire que entraba por la cuatro ventanillas abiertas, cuando estaba en marcha, ya no producía su efecto calmante, la veía a mi lado. Cuando el coche cogí de nuevo velocidad yo me permitía el lujo de perder la consciencia y dormía hasta el próximo semáforo.

Cuando el coche se detuvo por última vez, mi hermano abrió la puerta del coche y me agarro por los brazos para ayudarme a salir, me solté rápidamente y comencé a subir escaleras interminables que me conducían a mi salvación, hasta que alguien, no se quien porque no veía nada, me sujetó me sentó en una silla o me tumbo en una camilla, tampoco lo se porque, insisto,   lo veía todo en negro, alguien me corto con unas tijeras mi conjunto de sujetador y  bragas recién estrenado que había resistido la acción del fuego, pensé que pena me daba y que ya podían habérmelo quitado con cariño y  guardado hasta que volviera, oí tres palabras:  “sedación, intubación, antitetánica” y entré en coma, coma que mantuvieron los médicos de manera provocada hasta que estuviera mejor.

La realidad, que me contaron posteriormente, es que cuando mi hermano intentó cogerme de los brazos, me solté y le solté una bofetada, supongo que por el dolor que sentí, salí corriendo en linea recta hasta dentro del hospital, porque en urgencias hay una rampa para llegar con el coche y no hay escaleras y en presencia de todos los pacientes que estaban esperando a ser atendidos, iba corriendo en bragas y sujetador, corriendo y llorando hasta que un sanitario me cogió y me hizo pasar adentro, cerrando las puertas a su espalda y ya nadie, vio nada mas.

Durante este pequeño viaje que duró ocho días, estuve dentro de una nave extraterrestre en una camilla flotante y rodeada de un montón de aparatos con muchas luces que me mantenían monitorizada y alejada de todo sufrimiento, justo lo que siempre desee desde pequeña, ir por el campo y que me secuestrasen alienigenas que me llevaran lejos de la tierra a un planeta menos hostil. Había una sala muy grande con una pantalla de cine enrollada y un anciano sentado en una silla que cuando un niño le entregaba un papel enrollado, este anciano hacía bajar la pantalla de golpe como un telón y justo en  ese momento yo abría los ojos porque coincidía que  el aparato eléctrico que me tomaba la tensión me apretaba fuertemente en el tobillo hasta hacerme despertar. Esto ocurría cada hora, durante ocho días.

Desperté porque redujeron la cantidad  de sedantes como pentotal, morfina, etc. que me suministraban por vía intravenosa, pero seguían dándome lo suficiente para que las lesiones no me produjeran dolor. Los tubos que me ayudaban a respirar y a alimentarme seguían estando ahí, porque al estar sedada no sería capaz de hacerlo por mi misma y me producían un asco y una molestia mayor que las quemaduras.