Memorias de una Técnica de Uñas. Capítulo 29

azulejoA la mañana siguiente, ya en el trabajo, Albi me comentó como había pasado la noche con el susodicho y yo la felicité porque la vi muy ilusionada, aunque el chico no volvió a llamarla ni a quedar con ella y delante de sus narices volvió a venir por la tienda para hablar conmigo, pensando quizá que Albi no me había contado nada, pero al cabo de unos días de hacerle el vacío, de debió dar cuenta. Así que en otra ocasión en que otro de mis amigos aspirantes, me invitó a salir, yo volví a proponer a Albi ya de forma premeditada, que saliera con nosotros, utilizándola como filtro. No hace falta que cuente los detalles, se repitió la misma escena y de nuevo me dejaron primero a mi en mi casa y luego la llevó a ella a la suya.

A primera hora de la mañana del día siguiente, el aspirante de la noche anterior, que no me acuerdo de su nombre, me llamo por teléfono para confesar su felonía y suplicarme que no lo tomara en cuenta porque había bebido mas de la cuenta y Albi le había provocado de tal manera que le fue imposible rechazarla, pero que se había enamorado de mi y no quería perderme, por eso estaba contándome lo ocurrido como prueba de amor. Le dejé hablar durante un buen rato, llegándome a dar pena incluso por tanta súplica, pues no me gusta ver a nadie humillado de esa manera, pero cuando hubo concluido su alegato, solo le dije una frase: no me interesa estar con un hombre tan débil, que flaquea y se deja vencer con tanta facilidad. A éste no le volví a ver mas.

Y así sin haberlo premeditado,  Albi se convirtió en una aliada,  en el instrumento perfecto que iba barriendo por delante de mi la basura y solo uno se resistió a la voluptuosidad de mi aliada y ese día,  el chico que conocí en la piscina y que por fin supe su nombre, llevo a Albi primero a su casa y después me llevó a mi a la mía. Este hecho me hizo creer que era un hombre con carácter y que merecía la pena conocerle un poco mas.