Memorias de una Técnica de Uñas. Capítulo 28

estrelladasPues si, enseguida me hizo las preguntas típicas, esas que parece que nos dan escritas en un guión al nacer como, “¿ vienes mucho por aquí?” “es la primera vez que te veo”, etc. pero bueno, no me molestó, me pareció bien, porque sino como iba a comenzar una conversación…y además estaba tan guapo, que podía decir lo que quisiera, aunque tenía un acento raro, hablaba casi como los indios. Le pregunté  de donde era o de donde eran sus padres, pero me dijo que era de Madrid y pensé que se habría criado en algún país del este de Europa, pero no, me contó que era sordo y que esto le ocurrió siendo un bebé y durante algunos años había sido sordomudo, por eso hablaba un poco raro.  Se educó en colegios especiales para sordos y llevaba unos aparatos muy avanzados, entonces entre eso y que se ayudaba leyendo los labios, se le notaba muy poco.

Después de unos diez minutos, salimos del hidromasaje, cada uno se dirigió a su vestuario, no sin antes pasar por la ducha de la piscina y yo que iba mirándole atontada perdida, sin darme cuenta pisé su aparato del oído que había dejado fuera del plato de la ducha para que no se mojara. Al notar debajo de mi chancleta un crujido, levante el pie, miré hacia abajo observando su aparatito espachurrado y en ese mismo momento  pensé que sería mejor que la tierra se abriera y me tragara. Él muy cortés y  amable me dijo que no me preocupara y que había sido su culpa por dejarlo en el suelo y la verdad tenía un poco de razón pero a pesar de eso le dije que se lo pagaría, que me dijera el precio y que cuando lo tuviera nuevo o arreglado me pasara la factura. El precio del aparato  nuevo era de cerca de mil euros – la verdad es que él tenía toda la culpa- e insistió en que no me preocupara que no me iba a pasar ninguna factura. Hay que ver lo que se esfuerzan los hombres por conseguir a una mujer y lo poco por conservarla. Si esto me ocurriera después de llevar con él 19 años, me costaría los mil euros y una bronca, jajaja. La cuestión es que seguimos coincidiendo en el gimnasio o en la piscina de vez en cuando, aumentando la confianza cada día que pasaba pero ocurría una cosa muy curiosa, se me olvidaba preguntarle su nombre y a él también preguntármelo a mi, incluso habiendo ido a comer juntos varias veces. Sería porque solo nos interesaba nuestro cuerpo y no nuestra alma?

Mientras esto ocurría, como ya dije antes, también me entretenía con otros amigos que venían a verme a la tienda y un día el chico con el que ya me había besado, me invitó a  que nos fuéramos a tomar una copa juntos. Yo acepté pero se me ocurrió decirle a una de mis empleadas que era amiga de una amiga y que por eso la contraté, por enchufe, que se viniera con nosotros. No se porqué lo hice, fue instintivo o intuitivo mejor dicho porque me vino de perlas. Cuando ya nos íbamos para casa, Albi que así se llamaba mi amiga, sugirió que primero me dejase a mi en mi casa que estaba mas cerca y nos pillaba de camino y que después la llevara a ella a su casa.  A él le pareció bien la idea y así lo hizo y la verdad es que no me importó demasiado en ese momento porque ya me había importado antes, cuando Albi estuvo magreándole mientras bailábamos y a él parecía gustarle bastante, por lo tanto, incluso me pareció buena idea que se lo quedara ella. Esto es como si estuvieras empezando a comerte un helado y de repente alguien se le ocurre chuparlo… pues coges y se lo das todo para él y luego te compras otro, si  o no?