Memorias de una Técnica de Uñas. Capítulo 26

una naranja copiaSe movía en el interior como si no tuviera prisa por cerrar, estaba haciendo tiempo para esperar a que la pastelería cerrara las puertas por ese día, suponía yo y así era realmente.

A las ocho y media él y ella comenzaron a recoger y los dos a la vez bajaron los cierres metálicos, como si lo hubieran ensayado o como si fuera una rutina diaria. Anduvieron unos pasos el uno en dirección al otro, se abrazaron y besaron.

La escena no era ni mas ni menos lo que, al acecho escondida dentro de mi coche, esperaba ver con mis ojos para tener la fuerza moral y las pruebas suficientes para condenar al reo.

Crucé la calle despacio, para darle  tiempo a que me diera mas pruebas; me aproximé hacia ellos por la espalda de él y ella que debía estar muy emocionada la pobre, no me vio. Le toque el hombro y con una voz suave, le pregunte: cariño, ¿quieres que te lleve en coche o prefieres ir en autobús?, él se volvió hacia mi muy sorprendido y con la cara desencajada me respondió: ¡me voy en autobús!, – pues en casa te espero- le dije  y mientras me daba la vuelta y comenzaba a andar hacia el coche, escuche la risa histérica de la pastelera y como ya había contenido suficientemente mis instintos y no tenía tiempo de analizar los motivos psicológicos que la impulsaron a reírse de esa manera, me giré, la miré, supongo que con una cara de no querer perdonarle la vida y le dije una frase que incluía una palabrota que no soy capaz de escribir aquí, ella se calló en seco y yo seguí mi camino.

Ya en la casa, le pedí explicaciones de lo ocurrido, el me dijo que no era lo que parecía, yo le dije que le quería fuera de mi vida y de mi casa y quince días después se marcho, aunque seguíamos compartiendo el negocio por el momento.