Memorias de una Técnica de Uñas. Capítulo 20

ColorBlock-540x380A quedado bastante claro que un día me separaría del difunto, pero mientras ese momento llegaba, fueron sucediendo algunos acontecimientos dignos de ser contados.

Por ejemplo, que por deseo de él, que se había propuesto ser padre a los treinta años, me quedé embarazada, pero supongo que en el fondo también me apetecía a mi,  y  salvo una pequeña charla de concienciación y la amenaza de que si no respondía como padre, le abandonaría ipso facto, por lo demás no opuse resistencia.

Mi clientela había bajado un poco, porque al trasladarme al centro, hubo algunas señoras que les costaba mas conseguir aparcamiento y se quitaron las uñas, y otras que se hacían tratamientos faciales o corporales, las perdí porque en realidad no me gustaba el trabajo de estética y dejé de ejercerlo, tanto en cabina como las demostraciones que hacía para la firma de cosmética profesional en Ferias y Congresos. El maquillaje era la excepción y durante un tiempo estuve  maquillando a las modelos en pasarelas de ArteNovia y a las que venían al estudio de fotografía para hacerse el book.

Ya estábamos en 1993 y lo se exactamente,  porque fue el año en que nació mi hija Andrea y en el comencé a colaborar como fotógrafa con la revista de música Heavy Rock, en la que ya trabajaba el difunto y  de manera fortuita,  pues la fotografía era para mi un hobby y por lo tanto,  lo que hice fue acompañar al difunto a  la Sala Canciller para cubrir un concierto del grupo Thunder, con tal suerte  que al entrar al foso piso mal,  en no se donde y se partió un pie. Unos colegas le trajeron adonde yo me encontraba y poniéndome la cámara en las manos me indicó el camino para que me yo encargara del trabajo que él no pudo ni empezar.

Yo no tenía ninguna experiencia en ese tipo de fotografía, pero el destino se encarga a veces de cada uno de nosotros y esa noche quiso que a mi me fuera bien. La iluminación,  la música o la emoción hicieron que ese momento jugara  a mi favor y en una sola imagen se plasmó la intensidad de todo un concierto  que,  primero,  salió en la portada de la revista y,  segundo, provocó que el director de la misma prescindiera de los servicios del difunto y me colocara a mi en su puesto.  No era esa mi intención , ni mucho menos, pero durante un mes tuve que hacer mi trabajo habitual haciendo uñas esculpidas y por las noches el suyo, no solamente en los conciertos del fin de semana, sino también los que tenía que realizar en el estudio y el laboratorio.

No esperaba que el difunto estuviera contento con lo que le estaba ocurriendo,  pero tampoco contaba con la respuesta que tuvo,  cuando estuvo totalmente recuperado de su lesión, una vez que ya no me necesitaba.