Memorias de una Técnica de Uñas. Capítulo 19

lacitosUna vez que llamé por teléfono a todas mis clientes comunicándoles el suceso y habiendo comprado ese mismo día el mobiliario necesario, al día siguiente  comencé de nuevo a trabajar en mi casa, dando totalmente la impresión de que los ocho meses anteriores, hubieran sucedido en un sueño.

El disgusto y la frustración me duró algunos días mas de lo previsto porque además de todo lo ocurrido, recibí algunas llamadas con mensaje en el contestador automático, ese que tenía en su interior una micro cinta-cassette, intentando aterrorizarme. Lo oí, no se cuantas veces  pero tantas, que al final ya no me daba miedo, sino risa.

La relación con el difunto se fue afianzando con el tiempo y al cabo de un año aproximadamente, estando muy bien como estábamos, el quedándose  conmigo los fines de semana en mi casa, saliendo a cenar o al cine entre semana, por supuesto con mi niño de la mano,  me propuso que nos fuéramos  a vivir con él a su casa.

Tenía una casa enorme, en la Calle Alcalá, cerca de El Retiro, pero muy antigua y muy deteriorada, con lo cual no me apetecía nada vivir allí. Mi casa era nueva, moderna y aunque mucho mas pequeña, la tenía muy cuidada y con una decoración muy coqueta. Así que le puse la condición de que tenía que hacer una obra que, aunque no fuera demasiado grande, si lo suficiente para que yo me sintiera cómoda y mis clientes, que lógicamente tendría que recibir allí, se sintieran también a gusto.

El difunto, también tenía su trabajo en casa; en una de las habitaciones estaba el laboratorio, en otra la sala de maquillaje y en la mas grande de la casa el estudio de fotografía. Me quedaba otra habitación para mi trabajo, un dormitorio para mi hijo y otro para nosotros y confiando en que la casa quedaría aceptable y nuestra relación también, acepté su proposición y nos fuimos encantados, si encantados los dos porque mi hijo había encontrado en él, no un padre, sino un amigo porque era bastante divertido y a veces se comportaba como un niño y sabía ponerse en situación y a la altura de los deseos y aficiones de mi hijo.

Pero el mismo día en el que comencé a hacer la mudanza e instalarme en su casa, supe que esto no acabaría bien. Pero como hacemos muchas veces cuando vemos la señal que nos indica el navegador del coche, que demos la vuelta porque vamos por camino equivocado, lo que hacemos es buscar una ruta alternativa y nos negamos a regresar por donde vinimos, confiando en que lo solucionaremos de alguna manera hasta conseguir nuestro objetivo, así hice yo, no hacer caso de  la señal, buscando ruta alternativa y así me fue.