Memorias de una Técnica de Uñas. Capítulo 18

feria uñas peqEl fotógrafo, que a partir de ahora le denominaré como “el difunto”, se dedicaba también a la moda y en ese momento se disponía a  entregar  un book fotográfico a una modelo que trabajaba allí  como camarera  y era  justamente  la que me había preparado la copa. Fue grande y grata nuestra sorpresa al encontrarnos  y  fácil comenzar a hablar pues, con lo típico de, ¿ tu que haces aquí?  yo es que vivo aquí arriba, y tu?, etc  y después de un rato de bla bla bla, nos enrollamos.

Iba mi negocio viento en popa, cuando un día y de repente, mi socia me dijo que quería marcharse, deshacer la sociedad y recuperar todo su dinero. Yo no entendía nada, si ella no podía tener ninguna queja de lo bien que ganaba el dinero, sin ningún esfuerzo. La promesa que me hizo antes de comenzar,  que consistía en que yo la enseñaría a hacer uñas y entre las dos haríamos todo el trabajo, no fue cumplida porque decía que se ponía muy nerviosa y yo amablemente cedí y su trabajo consistía en dar citas y charlar con la clientes mientras yo hacía uñas, depilaba, daba masajes y cuando ya no podía atender a mas clientela, contratamos a una esteticista.

Ella antes  trabajaba en el RACE, enchufada por el marido que era amigo del Marques de Cubas que por entonces era el presidente de este Club. Cuando éste dejó la presidencia para marchar como vicepresidente de la FIA (Federación Internacional del Automóvil) en París, quedó desprotegida y comenzó a tener problemas con su jefe mas directo hasta que se hartó y abandono el trabajo para a continuación  proponerme el acuerdo de nuestra sociedad, pero en el momento que estoy relatando, el Marques regresó creando la fundación del RACE y retomando su antiguo puesto por lo que ella recibió la propuesta de recobrar su posición y ya no le interesaba seguir conmigo.

A mi me parecía estupendo, porque por lo pronto, nos ahorraríamos un sueldo+impuestos, pero lo que no me parecía bien es que pretendiera llevarse el mismo dinero que había puesto en principio, porque se había gastado en decoración, mobiliario, impuestos, y en un viaje a EEUU para hacernos con una marca de productos para uñas, la cual comercializaríamos aquí en España; de hecho ya habíamos expuesto en la Feria  Salón Look, que por entonces se llamaba Look Internacional. Ella tenía que entender que no había cash para devolverle todo su dinero e intenté que decidiera si quería llevarse la mitad de todo lo que había en el local o que siguiera como socia capitalista pero no hubo forma de que entrara en razón y con indirectas recibí una amenaza velada que me hizo temblar.

Como ya llevábamos algún tiempo conociéndonos el difunto y yo, le hice partícipe de mis inquietudes y mi temor de que al día siguiente me quedaría sin negocio. Decidimos ir esa misma noche al local, coger el fichero de clientes y algunos productos, por si se cumplían alguna de sus amenazas y me veía en la calle, teniendo que empezar de nuevo. Si al día siguiente se calmaban  los ánimos y su locura se volviera cordura,  yo retornaría los productos y seguiríamos con la negociación.

Al día siguiente me dirigí al trabajo como todos los días… no, como todos los días no,  porque tenía tanto miedo que le dije al difunto que me acompañara y menos mal porque cuando fui a meter la llave en la puerta, a parte de que no entraba, me abrió  el hijo de mi cliente que tenía 19 años, con un puño americano en la mano, dispuesto a darme, sino hubiera sido porque el difunto se puso en medio y le sujetó la mano hasta que se calmó y nos marchamos de allí sin hacer mas oposición.