Memorias de una Técnica de Uñas. Capítulo 17

IMG_1132Hace tiempo que estudié fotografía, pero solo como afición, nunca pensé dedicarme a ello profesionalmente; bueno igual que con las uñas y mira ahora… Tenía mi cámara réflex y el  laboratorio instalado en mi casa, donde hacía mis pinitos y me presentaba de vez en cuando a algún concurso pero, insisto, siempre lo consideré un hobbie.

Creo que cuando le vi con la cámara en ristre, sujetando con una mano el cuerpo y con la otra un gran objetivo apuntando, recuerdo, a una modelo en la pasarela a la que le estaban realizando un maquillaje corporal, me atrajo de tal manera que ya no podía quitármelo de la cabeza durante algunos días. Después comenzaba a olvidarle, hasta que en la siguiente feria volvía a encontrármelo y entonces empezaba de nuevo a pensar en él.

Mi timidez me ha impedido siempre dar el primer paso y lo único que hago es esperar a que ocurra algo y si no ocurre, tengo facilidad para olvidar. Suelo dejarme caer en las manos del destino, cuando el asunto no depende solo de mi pero a veces durante el tiempo que tengo una idea en la cabeza, consigo hacerla realidad por el poder universal de la atracción y en el caso del fotógrafo, sucedió pasados unos meses.

Era uno de esos sábados que no tenía ningún plan para salir y me encontraba viendo una película en la televisión, tumbada en la cama y con el pijama ya puesto,  cuando pensé en fumarme el último cigarrillo del día. Sin retirar la mirada de la televisión alargué mi mano sobre la superficie de la mesilla de noche buscando la cajetilla de tabaco. La encontré, la abrí sin mirar y palpe en su interior hasta que me di cuenta de que estaba vacía. Podía perfectamente  no fumar ese último cigarro, total,  me iba a dormir enseguida y no me daría ni cuenta… Pero según pensaba en ello, ya estaba con unos vaqueros y una camiseta puestos y calzándome unos tacones. Tenía que bajar con tacones y algún toque de maquillaje, porque el tabaco lo iba a comprar en el bar que tenía justo debajo de mi casa; era un disco bar con mucho glamour del grupo musical Locomía y aunque solo fuera un minuto tenía que ir acorde con el ambiente que era tan bueno y había tan buena música que en vez de regresar al acogedor y envolvente colchón que me esperaba en mi casa, como un autómata, con mi cajetilla en la mano, me dirigí hacia la barra para tomar una copa.

Cuando me giré para colocarme de espaldas a  la barra, con mi copa en la mano, me encontré de frente con él, el fotógrafo de la revista.