Memorias de una Técnica de Uñas. Capitulo 12

la-foto-54 copiaMe pidió que le pusiera un televisor para poder ver como se iba desarrollando el programa del que ella era partícipe en la producción. Yo amablemente le lleve uno a la sala y a partir de entonces siempre lo tengo para que todas las clientes se distraigan. Continuamente me decía,  “mira mira”, “has visto?”, etc , obligándome a volver mi mirada hacia la televisión, a la vez que reclamaba que hiciera mi trabajo mas rápido porque tenía mucha prisa.

A pesar de todo, fui capaz de guardar calma y terminé mi trabajo bien y cuando le sugerí que abonase el servicio antes de esmaltar las uñas, para que pudiera marcharse rápido, me dijo que no, que esperaría a que se la secaran, mientras seguía visualizando el programa. Pero de repente y pasados dos minutos escasos, recordó que tenía mucha prisa y que se tenía que marchar, mientras metía sus manos dentro del bolso para coger su monedero. Creo que no tengo que explicar como quedaron sus uñas.

En ese momento no quiso que se las volviera a esmaltar, ya sabéis, por la prisa que ella tenía y volvería a mediodía. Cuando llegó hacia las dos de la tarde, le dije amablemente que pasara y que esperara a que terminara con la cliente que estaba en ese momento, pero ella seguía con mucha prisa y pretendía que parara con lo que estaba haciendo y le atendiera a ella. Ahí ya perdí la paciencia, le dije que no lo iba a hacer y le sugerí sin tanta amabilidad, que no volviera mas.

Creo que a lo largo de estos años, me enfadado muy pocas veces, por lo que estos casos son meramente anecdóticos. Estoy convencida de que las personas atraemos a otras personas afines a nosotros mismos y son las que se quedan durante mucho tiempo a nuestro lado; las que no lo son se van pronto sin darnos cuenta. He tenido la suerte de tener clientes maravillosas, con las que me  siento tan bien, que estoy deseando que llegue el momento de hacerles las uñas. Muchas de ellas me dicen que no solo vienen por sus uñas, sino también por estar conmigo, para charlar, reír a veces llorar pero siempre salen de mi salón con una sonrisa. Pues a mi me pasa lo mismo, no solo estoy deseando que vengan para hacerse las uñas, sino también para estar un ratito con ellas.

Durante los años que he estado en Madrid, ejerciendo de técnica de uñas, que han sido 16, he tenido varias clientes famosas de aquella época, que puede ser que mucha gente ahora no recuerde o que nunca las conoció. Una de las primeras fue Ketty Kaufman, era locutora  en Radio España y esposa del periodista Jesus M. Amilibia. Cuando yo me fui de la Empresa de Judy Cray, le empezó a hacer las uñas otra de las técnicas, pero acostumbrada a que se las hiciera yo y anteriormente se las hacía Josefina, la misma que a mi, no le gustaron y entonces pidió mi teléfono a no se quien, si a una de mis compañeras o a Judy, pero el caso es que desde entonces hasta que me fui a vivir a Málaga la tuve como cliente. Ella me trajo a otras clientes, como Analía Gadé, Isabel Prinz, Anne  Marie Rosier  y algunas mas,  actrices de teatro; ah! que me olvidaba, y a Sara Montiel, esta última no me hizo enfadar, porque era muy amable y educada,  pero si consiguió disgustarme.