Memorias de una Técnica de Uñas. 9º cap.

lacitoJudy ya se había ido a su país, donde pasaría los próximos seis meses, según sus planes y la Amiga se había quedado al frente del negocio, con el poder notarial total  a su nombre. Estas eran las primeras noticias que me traía la secretaria, las siguientes eran aun mas fuertes. Parece ser que la Amiga pensaba quedarse con el negocio y cargarse a Judy porque en realidad no la soportaba, o peor aun la odiaba. A mi no me sorprendió en absoluto, yo ya sabía que esta Amiga no era trigo limpio, lo que me sorprendió era que se lo confesara a la secretaria; después ya lo entendí, la necesitaba para poder llevar a cabo sus planes y la convirtió en  su aliada. Pero la secretaria tampoco era de fiar y estaba traicionando a la Amiga, contándome a mi sus planes y pensando que yo odiaba a Judy, me propuso un plan todavía mas mezquino y miserable:  que montásemos un salón de uñas entre las dos, comenzando con todas las clientes del fichero del Salón de Uñas Judy Cray.

Fue en este momento cuando empecé a arrepentirme de haber abandonado a Judy, nunca me he sentido tan cobarde en mi vida. La dejé a merced de unas sabandijas, cuando tenía que haberme enfrentado,  aun a riesgo de haber perdido, pero por lo menos la habría dejado alertada de lo que podría suceder. Esto es como cuando descubres que a tu amigo o amiga su pareja le está traicionando y no sabes que hacer, si contárselo, hacerle daño,  que no te crea y te deje de hablar ó no contárselo para evitarle el  disgusto y luego cuando lo descubra y descubra que tu lo sabías también te deje de hablar.

Por supuesto que rechacé la superoferta de la secretaria (tampoco pongo su nombre, pero a esta la pongo con minúscula, porque no merece nombre propio) y como sabía cuando regresaba Judy de su viaje, intenté quedar con ella varias veces aunque ella no quería; estaba tan dolida por mi marcha que no quería saber nada de mi. Ni siquiera me vendía productos para hacer uñas por lo que se lo tenía que encargar a una cliente que también aprendió a hacer uñas con Judy, que los comprase para mi.

Por fin conseguí quedar con ella cuando, una de las veces que llamé a su despacho y ella cogió el teléfono,  le dije  que era de suma importancia para su negocio.  Llegué tarde porque la secretaría ya había realizado sus planes y había puesto ella el negocio, con otra de las chicas que tenía Judy trabajando y por supuesto llevándose el fichero de clientes, pero los planes de su Amiga no los conocía y yo se los conté.  En ese momento no quería creerme, pensó que era una revancha y yo lo entendía perfectamente, pero la pude convencer de que por lo menos la pusiera en observación antes de apartarla de su lado, algo que tenía que haber hecho conmigo antes de ofenderme aquel día.