Memorias de una Técnica de Uñas. 8º cap.

Rojo navidadA la edad de 18 años, Judy que tenía un novio de su barrio, en  Los Ángeles, se quedó embarazada sin desearlo, pero ella se quería casar con ese novio y tener a su hijo. Su padre no se lo permitió, ni seguir con ese novio ni seguir con el embarazo y  la obligó a abortar. No pudo tener mas hijos y con el tiempo se caso con un abogado muy rico, como deseaba su padre. Mientras me relataba este episodio de su vida, veía tristeza y esperanza en su mirada, yo tenía la misma edad que habría tenido su hijo o hija si hubiera nacido y creo que era eso lo que la hacía ser tan posesiva conmigo, porque no la gustaban ni mis amigos, ni mi novio (ahi le doy la razón) , ni mi hermana y también le molestaba que tuviera que dedicarle tiempo a mi hijo. De hecho no la gustaban los niños, no los soportaba. Sería por la pena de que ella no los pudo tener…

Habían pasado aproximadamente dos años y Judy estaba pensando en viajar seis meses cada año, a EEUU y durante ese tiempo tenía decidido que yo me ocupase de su negocio en Madrid, otorgándome un poder notarial total. Se marcharía quince días de vacaciones a Hungria y cuando volviese, iríamos al notario para hacer la gestión. Yo no estaba muy convencida, pero a la vez me sentía muy alagada de que confiara en mi. En realidad ya venía pensando hace un tiempo que no me apetecía seguir allí trabajando, tenía mucha presión, mucha responsabilidad, demasiado tiempo en el Salón de uñas y mi pobre hijo cuidado por una señora, que si, le cuidaba muy bien, pero él quería que me quedase en casa o que no trabajase tanto. Yo tenía entonces 26 años y el solamente 4.

El día que Judy regresó de su viaje, sería mi último día allí.

La  Amiga, al ver que no hacían mella en mi los bulos que levantaba sobre nosotras, hizo creer a Judy que yo la estaba traicionando y que durante el tiempo que ella estuvo de vacaciones, me había comportado mal y hubo quejas de las clientes. Así me lo relató Judy, después de hacerme entrega de un regalo que me traía de su viaje.Yo, aparte de negar los hechos, sobretodo porque eran acusaciones falsas, le devolví el regalo y le presenté mi renuncia. Ella seguía comportándose como una madre y yo como una empleada muy ofendida y bastante harta de estar siempre en el ojo del huracán.

Me suplicó y rogó que no la dejara, que le perdonase su debilidad por haber escuchado las falsas acusaciones de su Amiga y que podía trabajar las horas que quisiera cada día, que tendría total libertad, que podría tener los amigos que quisiera; todo esto me lo dijo porque aproveché a echarle en cara todo lo que me hacía que deseara marcharme. Me cegué, no podía pensar ni serenarme ,  no di mi brazo a torcer y al día siguiente no volví al trabajo.

Durante un tiempo pensé que era lo mejor que podía haber hecho, solo por la satisfacción de ver a mi hijo feliz, ya compensaba, pero después de unos meses, la secretaría de Judy me llamó porque quería que quedásemos a comer y para informarme de algunos hechos, que me harían arrepentirme  para siempre de lo que hice.