Memorias de una Técnica de Uñas. Capitulo 21

cebra 2El sabía mas que yo y tenía mas experiencia, pues llevaba casi diez años trabajando como fotógrafo, por eso me dejaba asesorar y cada oportunidad que tenía, me vigilaba y corregía., pero de una manera que parecía deseoso de mi fracaso, pero yo lejos de enfadarme, seguía sus consejos al pie de la letra, pensando que quizá eran imaginaciones mías y él lo único que deseaba es que no cometiera ningún error. A pesar de ello, cuanto mas ponía de mi parte para hacer las cosas bien, peor me salían y ya había ido a recoger al laboratorio el revelado de tres carretes de diapositivas cuyo resultado era negro, si negro, no había ninguna imagen, la película no había recibido luz suficiente y mi trabajo iba directamente a la basura. Pero si yo había medido la luz con el fotómetro, los flashes del estudio habían disparado todos, miré que la abertura del diafragma de la cámara estuviera correcta… la única alternativa era pensar mal y acerté; pillé al difunto tocando la cámara en un descuido, después de que ya tenía las mediciones hechas y preparada la cámara para disparar. La excusa que puso fue que lo hacía por mi bien para que estuviera mas atenta… Que majo!

Empecé a apartarme despacito de su camino, no tenía la menor intención de robarle su trabajo, yo tenía el mío,  mas bien deseaba colaborar con él, seguir ayudando le como cuando estaba lesionado, pero si pensaba que yo era una amenaza, lo mejor era dejarle solo. Pero lo mas curioso es que tampoco quería que yo me apartase, le venía muy bien como ayudante, pero en la sombra, como esclava y se le ocurrió la idea de que comprásemos un ordenador e hiciéramos un curso de  diseño gráfico para luego desarrollarlo en  el ámbito de la fotografía. Así lo hicimos, compramos un Macintosh Quadra 800 y  empecé a hacer retoques de fotografías antiguas o montajes con Photoshop.  Y todo esto que os cuento lo hacía a la vez que seguía con mi trabajo habitual como técnica de uñas esculpidas y maquilladora.

Yo seguía engordando, quiero decir que mi embarazo seguía avanzado, me encontraba muy guapa, de hecho nunca me había visto a mi misma tan guapa, pero estaba muy muy gorda y las modelos que entraban al estudio para hacerse sus books, hacían que me viera todavía mas gorda.

Después de haber maquillado a dos brasileñas, altísimas, guapísimas y todo lo que termina en ísimas, me senté en el sofá para ver la sesión fotográfica, con mi super-tripa que no me permitía ya verme los pies.  Esas mujeres querían fotos para promocionar su numero de baile por salas de fiestas y su indumentaria era bastante escasa, dos pezoneras, un mini-tanga y unas sandalias con plataforma que  elevaba sus pechos a la altura de la cara del fotógrafo, mientras una de ellas, de las brasileñas, dando saltitos , acercándose peligrosamente al difunto y con una voz muy mimosa, le decía:  ¿Antonio? ¿Estoy bien?… la cara de él era un poema y sus manos, sus dedos, se movían de manera incontenible, vamos! que si yo no hubiera estado allí, se habría montado un aquelarre. Menos mal que no soy nada celosa, y que hasta que no veo no creo,  pero el peligro estaba cerca y no hablo de las chicas, sino de él.