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Memorias de una Técnica de Uñas. 4º Cap.

blue y plata

Me pasé todo el día y la noche poniendo moldes, las cuatro horas de la mañana del lunes, en la academia y por la noche soñando que los ponía; me quedaron mejor en sueños. Era muy difícil poner esos moldes con forma de herradura, de color dorado con lineas negras y hasta que no fuéramos capaces de colocarlos correctamente para que las uñas quedaran rectas y no tuvieran forma de garra, Judy no nos dejaba pasar al siguiente nivel.

Después de practicar toda la noche, parece que el martes se me daba bastante bien colocar los moldes y pude empezar a crear bolitas de acrílico, aunque no pude construir una sola uña, pues, o se quedaba muy fluida y demasiado seca y era incapaz de hacer la mezcla adecuada y Judy no paraba de decir: ¡quita eso! ¡limpia el pincel!.

Por unos días pensé que no sería capaz de aprender, era muy complicado hacer esas uñas, solo conseguía hacer montañas de producto que luego tenía que rebajar a base de microtorno eléctrico, que de micro no tenía nada, porque por aquel entonces  los únicos tornos que había eran los Dremel de bricolage y pesaban bastante. Y luego la lima, la lima era delgada y fina con el interior de madera, nada flexible por lo tanto y se hacia eterno el limado y a pesar de estar tres horas para hacer cinco uñas, todavía necesitaban muchas correcciones. Mas de un día terminé llorando de desesperación y de susto por los gritos de Judy Cray.

Memorias una Técnica de Uñas. 3º Cap.

violetasNo podía parar de mirar mis uñas, de frente, de lado, con la mano cerrada, con ella estirada… Lo cierto es, que aún ahora sigo haciéndolo, cada vez que me hago las uñas, las miro y remiro como si fuera la primera vez. Lo que ya no hago es repicar la punta de ellas sobre la mesa, porque me he dado cuenta que se dañan y duran menos, pero en aquellos primeros momentos, era vivir una sensación nueva y fantástica, era tener uñas largas.

Por esos días, no mantenía una buena relación con mi familia, pues hacía pocos meses que me había separado de mi marido y era poco menos que una proscrita y cuando digo mi familia me refiero a mi madre que era la que dirigía y controlaba el hogar y por lo tanto a todos los componentes del mismo. Tenía que ir acompañada de mi ex-marido si quería entrar en su casa, para que los vecinos no sospecharan de mi separación y hubiera habladurías, porque por aquel entonces a pesar de haber pasado un calvario durante mi matrimonio, yo era considerada el verdugo y no la victima. Cuento esto porque si hubiera estado sometida al yugo de la familia (madre y marido) no habría podido tomar la decisión de ponerme estas uñas, sin mediar alguna que otra bronca o presión para impedírmelo, por el dinero que costaban y sobretodo por lo desconocido de la adquisición. Este alejamiento de la familia me permitió disfrutar de mis uñas, física, mental y emocionalmente.

Nunca miraba la tarjeta donde me apuntaban la cita siguiente, no lo necesitaba, tampoco tenía agenda, ni teléfono móvil, ni ipad donde apuntar la cita; recordaba perfectamente el día y la hora en que de nuevo me volverían a arreglar mis uñas, aunque hubieran pasado tres semanas.

Era viernes, regresaba a casa después de que me hicieran el relleno de mis uñas y ese día, por casualidad, sí mire la tarjeta y observe que aparte de los datos habituales como dirección y teléfono, había una inscripción donde se leía:  Salón y Academia; Academia…, volví a leer mientras pensaba, no no pensaba, decidía que yo quería aprender a hacer esas uñas e inmediatamente cogí el teléfono y marque el número que aparecía en la tarjeta.

Uñas Judy Cray digamé?- respondió una voz con acento norteamericano. Era ella la persona que impartiría el curso y me explicó en que consistía el curso: 4 meses, 5 días a la semana, 4 horas cada día y 120.000 pesetas (720 €). El curso comenzaba el lunes, con un cupo de 12 alumnos y ya había 11 matriculados (lo escribo en masculino de forma generalizada, no por machismo, pues había un alumno). Ya eran las 12 de mediodía y no podía pararme a pensar si me convenía o no, corrí hacia el banco, saque el dinero y en un taxi me dirigí rauda a matricularme para el curso de uñas esculpidas.

Memorias una Técnica de Uñas. 2º Cap.

Mi cara debía ser un poema porque una señora que estaba allí sentada, esperando ser atendida, pues seguramente que ella si tenía su cita reservada, sintio compasión por mi y le dijo a la recepcionista que me cedía su cita y que a ella no le importaba esperar una semana mas. Aun siendo yo un poco tímida y con cierta resistencia a mostrar mis sentimientos en público, abrace y besé a esa señora en un impulso que no pude controlar, pues mi alegría era superior a lo habitual. Esa señora anónima, seguramente no sabe que el acto de generosidad que tuvo conmigo, cambió mi vida para siempre, porque con el deseo tan inmenso que tenía de ponerme esas uñas, habría buscado otro sitio que quizá hubiera hecho cambiar mi destino.Mis uñas eran muy cortas, débiles y feas, creo que debido a que hasta los catorce años estuve mordiéndolas, por eso, a pesar de que yo insistí en que me las hicieran largas, Judy me recomendó que me las hicieran mas cortas por seguridad, pues al tener una base tan corta, se romperían rápidamente, me desilusionaría y nunca conseguiría llevarlas largas. Josefina que así se llamaba la técnica de uñas que me atendió, obedeció y yo también. En lo que no hubo ninguna pega fue en el color de mis uñas: rojo granate, el color que mas deseaba.

Una vez terminadas, pase de nuevo a la recepción donde me dieron mi próxima cita y abone la cantidad de 6.900 pesetas (41,40 €) por las uñas nuevas, las próximas veces el precio sería de 1900 pesetas (11,40 €).

Ya en la calle, me disponía a parar un taxi para regresar a casa, cuando me di cuenta de que ese milagro, esa obra de arte tenía que compartirla y dentro de un coche nadie podría verla. Decidí subirme a un autobús; a esa hora las 11:30 de la mañana apenas había pasajeros y por lo tanto podía disponer de un cómodo asiento, pero pensé que ahí sentada, nadie podría disfrutar de mis maravillosas uñas rojas. De pie, eso es, me quedaría de pie, agarrada a la barra para no perder el equilibrio y de paso poder lucirlas. Mientras el autobús realizó su recorrido hasta las proximidades de mi casa, mantuve mi mano en la misma posición y también mi cabeza, mirando hacia el lado contrario para que la gente no tuviera ningún reparo en convertirse en mirones por un instante y disfrutar de esa obra de arte. También pensé, por supuesto, que esa gente no se percataría de mis uñas, pero sacudí mi cabeza en mi interior y preferí vivir con esa ilusión, porque aparte de sentirme bien conmigo misma, que sería de la belleza sino se pudiera mostrar y compartir?

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Memorias una Técnica de Uñas. 1er capítulo

cristal y oro
Año 1984,  domingo y como cada domingo, baje al kiosco de la esquina y compré el periódico, acompañado del suplemento semanal. Una vez leídos los artículos que me interesaban del diario, comencé a ojear el semanal y como de costumbre, desde la última página hacia el principio, cuando me topé con un publi-reportaje que me enganchó de forma instantánea; creo que fue por las fotos.

El reportaje trataba de las uñas esculpidas o de porcelana, como se denominaban por entonces,  donde se explicaba el procedimiento de creación, la historia de como habían llegado a España de la mano de una Norteamericana llamada Judy Cray en 1979,  el tiempo de duración, precios y horarios de apertura del Salón.Las fotos, mostraban unas uñas esculpidas maravillosas de color rojo y unos diseños realizados con hilos dorados, plateados y cristales de  swarovski.

El día se hizo eterno y ese fue el primer domingo de mi vida que empece a desear la llegada del lunes.

A las 9:55 de la mañana, me encontraba plantada delante de la mesa de la recepcionista del Salón de Uñas Judy Cray en la Calle Velázquez, 46 en Madrid, esperando ser atendida a las 10, pues era la hora en que empezaban, tal y como explicaba el reportaje, pero omitieron escribir un detalle que me produjo un deseo incontenible de vomitar: había que pedir cita previa y no me la podían dar hasta dentro de una semana.

Ante mi insistencia, la recepcionista me mostró la agenda donde aparecían las cuatro técnicas de uñas que allí trabajaban, con todas las citas ocupadas, recomendándome que cogiera la cita pasados siete días. Pero si yo llevaba toda mi vida, desde que tengo conocimiento, deseando llevar las uñas como las señoritas dependientas de El Corte Ingles, de la época de cuando yo era pequeña y me quedaba embobada mirando sus uñas largas y rojas, pensando que algún día yo también llevaría las uñas así.

No podía esperar un día mas, tenía que ser ese…